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 Metabolismo, Sociedad y Recursos Naturales

Basado en el artículo: Pengue, Walter A (2012). Metabolismo Social, Recursos y Sustentabilidad: el desafío 
del milenio. Fronteras 11: 29-39. ISSN 1667-3999, GEPAMA, FADU, UBA. Buenos Aires.

… El bienestar de la especie humana se ha sostenido y apoyado desde sus inicios en su vinculación y acceso en muchos casos a bienes comunes muchos de los cuales, la economía inicialmente ni siquiera alcanzaba a valorar o contabilizar como la tierra, el agua, las fuentes preindustriales de energía o los recursos biológicos.

Como justamente estos recursos no se encontraban por doquier, los primeros asentamientos humanos, poblaciones y ciudades lo hicieron en aquellos lugares donde inicialmente existía esta disponibilidad y ciertamente entonces, estos recursos eran utilizados y consumidos localmente, dando sustento y crecimiento a poblaciones y demandas generalmente vinculadas con sus consumos endosomáticos (Pengue 2009) o bien para satisfacer demandas aún no demasiado intensivas. Los impactos eran aún muy bajos en general.

En las etapas iniciales, cuando el entorno ambiental era tan vasto frente a escasa una población humana, estos impactos pasaron entonces, prácticamente imperceptibles. En otros, avanzando en la historia, el crecimiento de civilizaciones enteras y posteriormente su caída, en la mayoría de los casos se produjo justamente por la limitación vinculada a la desaparición local o regional de un determinado recurso natural (agua, suelo productivo, madera, biodiversidad). Hacia los últimos tres siglos, el crecimiento poblaciones, la expansión particularmente de las ciudades y las actividades comerciales, se hicieron cada vez más crecientes y generaron una demanda de bienes que ya superaba la escala local, para hacerse regional y en algunos casos, global, pero de baja intensidad.

En este último siglo, y particularmente en los cincuenta años previos, el comercio internacional basado en recursos como los alimentos, maderas, minerales, metales y combustibles fósiles se expandieron de una manera impensada. Estos recursos igualmente han estado disponibles e incluso mejorado su acceso en muchos casos a crecientes porciones de la población, pero a un costo a veces ambiental y un efecto sobre la base de recursos a veces no considerada. Justamente en ese sentido, los intangibles ambientales o bienes incorporados (embodied materials) en los productos engrosan entonces el movimiento mundial de mercancías o bien son la base material en la cuál se sostienen o mediante las que es posible realizarlas.

 El consumo de estos materiales justamente no es contemplado en las cuentas de ganancias y pérdidas pero son justamente un recurso que se mueve y transforma en el proceso productivo, sea desde la extracción, la transformación, el transporte, la comercialización, el consumo y hasta el lugar final donde se colocan los residuos, que demandan tierra u agua muchas veces donde ser depositados. El estudio sobre el flujo internacional de materiales y sus efectos sobre el comercio mundial y el uso de los recursos globales abreva en lo que previamente se trabajó y con mucha profundidad desde la misma América Latina y que terminó siendo el eje integrador de lo que se conoció como la Teoría del Deterioro de los Términos de Intercambio. Si bien su foco era otro, la lógica de acceso a bienes comunes baratos, su disponibilidad especialmente, la desconsideración sobre los impactos de su extracción, los pasivos ambientales dejados y el intercambio de trabajo barato por caro, estuvo en las mentes de muchos pensadores de esta Región.

El economista argentino Raúl Prebisch planteo esta teoría y a su vez desarrollo en algunos de sus artículos, consideraciones sobre la estabilidad de la base productiva de América Latina: sus recursos y en especial por ejemplo, suelo. También otros como Rayén Quiroga en su obra “El Tigre sin Selva”, desarrolló conceptos similares frente a la degradación ambiental y Jacobo Schatan en “El Saqueo de América Latina”, lo materializó en cuanto a volúmenes de materiales exportados. No puede no considerarse en cualquier argumentación respecto del tema, desde la misma Región, el efecto reflexivo que nos trae la ya pionera obra, “Las venas abiertas de América Latina”, particularmente en cuanto a comprender las relaciones de la extracción de riqueza de América, que sentó las bases del desarrollo precapitalista europeo y fue ciertamente su pilar en el desarrollo de su sistema económico en siglos posteriores. No, justamente la discusión sobre lo que sucede con los recursos, su explotación y la forma de utilización de los mismos no ha emergido del pensamiento europeo, sino que tiene fundacionales raíces, en la América Latina.     Quizás la preocupación de una buena parte del mundo hoy, haya virado hacia una necesidad de garantizar el acceso y continuidad del flujo de recursos naturales hacia las economías globales, ciertamente en estos últimos tiempos y según las proyecciones bastante más hacia delante, con precios crecientes . ¿Una oportunidad o un riesgo, frente a la demanda mundial?.

 

Pues dependerá mucho de cómo las administraciones de la región, dirijan y gestionen los procesos de transformación de naturaleza y en manos de quienes se dejan estas riquezas. Es comprensible que el “stock natural” tanto de recursos renovables como no renovables, pueda ir agotándose con el tiempo o a través de su mala utilización y eso en parte el sistema de precios global debe reconocerlo en su plenitud como así también los programas nacionales por otro lado, contar con sus políticas para conocer la evolución de este balance de cuentas de la naturaleza.   El siglo XXI ha encontrado a una parte de la humanidad bajo una vorágine de consumo creciente que parece no detenerse. Este es un proceso que, acompañado de sistema económico que necesita crecer a cualquier precio, genera una demanda creciente de recursos naturales por una parte y de desechos imposibles de digerir por nuestra naturaleza. Más allá de los indicadores ambientales globales y regionales que, como guarismos individuales pueden mostrarse como resultados malos, neutros y hasta positivos lo que está el hombre dejando de percibir es que es él mismo, quién está generando un desequilibrio no sólo económico, sino ecológico y social sin precedentes y con una recurrencia de catástrofes ambientales, muchas de las cuales son el resultado de sus acciones en los últimos cien años de historia humana. Otras, ciertamente no. Por el otro lado, la ciencia y la tecnología ha traído aparejada para la humanidad una serie de transformaciones sociales, tecnológicas, científicas y productivas que han facilitado el acceso del hombre a formas de explotación de los recursos naturales inéditas hasta hace poco más de dos décadas. Hemos avanzado mucho en este aspecto en los procesos de transformación y también retrocedido en otros tantos. Maquinarias, enormes equipos, procesos metabólicos globales, geoingeniería, bioingeniería, ponen en las manos del hombre una enorme cantidad de recursos naturales a los que previamente no había podido tener acceso. La sociedad del riesgo está ya entre nosotros.     La irracionalidad de esta demanda creciente deriva de una hasta ahora irrefrenable sed por recursos emanada de un gran cambio en los estilos de consumo globales, sumado a nuevos procesos productivos y la entrada al sistema capitalista de una enorme masa de nuevos demandantes provenientes de los países emergentes y sus clases medias (China, India), pero también de las economías post industriales que no sólo pretenden seguir creciendo sino perpetuar y hacer crecer aún más sus propias demandas.

El aumento en términos de las actividades de transformación de la naturaleza por parte de la humanidad (metabolismo social) es incuestionable y encuentra al último siglo XX como la centuria de mayor transformación en la historia humana. Mientras la población global crecía cuatro veces, las demandas de materiales y energía lo hacían a guarismos superiores a las diez. El incremento del consumo de biomasa lo hacía 3.5 veces, el de energía en doce veces, el de metales en 19 veces y el de materiales de construcción, sobre todo cemento, unas 34 veces. A finales del siglo pasado, la extracción de recursos naturales era de 48.5 mil millones de toneladas (más de una tercera parte biomasa, 21% combustibles fósiles y 10% minerales), registrándose un consumo global per capita de 8.1 toneladas al año con diferencias per cápita de más de un orden de magnitud.       Hace finales de la primera década del siglo XXI, las estimaciones rondaron las 60 mil toneladas de materiales al año y unos 500 mil pentajoules de energía primaria. El 10% de la población mundial más rica acaparaba entonces el 40% de la energía y el 27% de los materiales. Mientras el grueso de tal población se ha concentrado en las últimas décadas en Estados Unidos, Europa Occidental y Japón, en contraparte, las regiones que principalmente han abastecido el mercado mundial de recursos naturales han sido América Latina, África, Medio Oriente, Canadá y Australia. China, Corea del Sur, Malasia e India se colocan como importadores netos de recursos en los últimos años, ello pese a que en algunos casos, tienen una producción doméstica importante. De seguir sin cambio alguno, el aumento en la extracción de recursos naturales podría triplicarse para el 2050, mientras que si se opta por un escenario moderado, el aumento sería en el orden del 40% para ese mismo año (esto es unas 70 mil toneladas en total). Mantener los patrones de consumo del año 2000, implicaría por el contrario, que los países centrales disminuyan su consumo entre 3 a 5 veces, mientras que algunos “en desarrollo” lo tendrían que hacer en el orden del 10% – 20%. Es verdad que estas estimaciones tienen en cuenta solamente un aumento en la capacidad tecnológica tendencial de creación de nuevo conocimiento y nada se dice con respecto a otros posibles saltos cientifico-tecnológicos, pero igualmente la cifra de consumo apabulla y abruma de solo pensar los recursos necesarios en términos materiales y energéticos necesarios para garantizar el funcionamiento del metabolismo de nuestras sociedades. El gigantismo económico y financiero y también el tecnológico, de este nuevo orden global, en estos tiempos se percibe en la crisis económica, pero la expansión de este fenómeno se encuentra en todas partes del mundo económico, en el cambio de escalas, que superan a la humana, no sólo en el mundo del capital, sino en el mundo global empresarial (que no tiene límites a su vorágine), en el crecimiento expansivo de los grupos corporativos, en sus formas de apropiación del mundo, de sus gentes y de su naturaleza. A pesar de todos los esfuerzos por encontrarle la vuelta a la “sustentabilidad” del sistema capitalista, el capitalismo como tal es insostenible en términos de garantizar la continuidad de sostenimiento de la base física que le contiene.

Cuestiones clave de cara al milenio ya iniciado, y que ni siquiera se han podido solucionar en parte, tienen vinculación directa con la sobreexplotación de los recursos naturales y prácticamente la subvaluación de su base de sustentación, la integridad de los ecosistemas. Algunas de ellas son la subvaluación de estos (es decir, el no reconocimiento de su verdadero valor ambiental y no sólo desde el mercado), la presión desenfrenada sobre los ecosistemas, el aumento de la brecha entre ricos y pobres, la distribución inequitativa de la riqueza y el hambre creciente en el mundo. Todo esto, bajo un escenario de cambio climático que nos es contemporáneo y cuyas secuelas se pueden apreciar en una recurrente suma de catástrofes naturales o antrópicas como sequías, inundaciones, pérdida de producciones de alimentos, etc., que recién comenzamos a dilucidar. La especie humana sigue creciendo. El proceso expansivo, como el de toda especie que no encuentra “enemigos naturales” ni “elementos controladores” en su entorno, no tiene límites.   El hombre ha logrado alcanzar el pináculo de la vida y se erige desde allí como el ser supremo por encima de todo. Sin controles parece ser que ni las recurrentes catástrofes climáticas ni ambientales le estuvieran poniendo límites. La economía verde, un ajuste económico verde dentro del modelo capitalista global que pretender reconvertir a la actual economía marrón (Pengue 2012) pareciera ser una de las pocas ofertas globales disponibles presentadas por políticos y científicos. Las alternativas a otras escalas (regional, local), incluso “contra” el modelo capitalista parecen por cierto tener un mayor anclaje propositivo (el Buen Vivir, la Economía Social y Solidaria). Pero, ¿en la escala mundo y el modelo capitalista circular global y sus alternativas?, ¿no tenemos nada?… El hombre está tomando todos los recursos del planeta para sí. Y de la mano de nuevos esfuerzos de la ciencia y la tecnología y su gigantismo tecnológico, produce transformaciones increíbles. Asi como ha llegado a licuar a las montañas, está arando el fondo del mar, deforestando millones de hectáreas de suelo fértil o sembrando el mar con nutrientes para generar cambios y reacciones climáticas enormes. Por otro lado, alcanza y utiliza los recursos más pequeños para transformar y adaptar la propia vida.

Los Limites Planetarios están excediéndose...

Los Limites Planetarios están excediéndose  (Rockstrom y otros, Nature, 2009)…

El Metabolismo Social

El término metabolismo es un concepto biológico que se refiere a los procesos internos de un organismo vivo. Los organismos mantienen un intercambio continuo de materias y energía con su medio ambiente que permiten su funcionamiento, crecimiento y reproducción. De la misma forma, los seres humanos y sus sistemas sociales convierten los recursos naturales en productos manufacturados, en servicios y, finalmente, en desechos, es decir, operan como un cuerpo metabólico. Esta manera de referirse a la interacción sociedad-naturaleza como una cuestión de intercambios físicos data de tiempos de Marx y podemos decir que con la economía ecológica ha tenido un nuevo auge, pero quizás con una visión más vinculada propiamente a la naturaleza. De alguna manera varios autores han abordado el tema para comprender el funcionamiento tanto de las ciudades (Odum, Naredo, Fernández), la economía en su conjunto (Odum, Carpintero) o los sistemas rurales (Toledo). El flujo de los recursos, ha sido estudiado ampliamente, tanto por la economía como por la ecología, pero ambas, desde sus enfoques disciplinares. Existe sin embargo, un flujo de materiales y energía que pasa de la naturaleza a la sociedad y viceversa y que debe ser más comprendido y estudiado acabadamente en tanto, una y otra se modifican de manera permanente (Diagrama siguiente). Abordar el funcionamiento de las sociedades humanas, permite ayudar a comprender la evolución de las mismas y en particular, las formas de apropiación que estas hacen de la naturaleza.

Si nos focalizamos solamente en los mecanismos de funcionamiento de la sociedad, la que fuera (urbana, rural) y a lo largo de toda su historia, existe un proceso de ingreso de materiales y energía dentro de la misma, que puede ser entendido como el funcionamiento de un organismo que metaboliza diferentes elementos. En ese proceso de intercambio son cinco las funciones que básicamente se cumplen, en la visión del metabolismo social. Apropiación Circulación Transformación Consumo Excreción El análisis del metabolismo de la sociedad proporciona un marco para distinguir entre culturas, sociedades o regiones según sus relaciones de intercambio características con la naturaleza. Primero, podemos observar este metabolismo a “escala” global, en relación con dos aspectos: Productividad de los materiales: El metabolismo social se puede medir como productividad de los materials (Kg/año) para alimentación, vivienda, ropa, construcciones, etc. Esto, desde luego, obedece a la ley de conservación de la masa: El insumo multiplicado por la unidad temporal es igual a la producción (es decir, las emisiones y desechos) más las variaciones de las existencias. A la larga, los insumos son iguales a la producción. La escala del metabolismo de la sociedad es por lo menos igual, aunque suele ser muy superior, a la suma de los metabolismos biológicos de su población. Productividad de la energía: Al igual que cualquier sistema dinámico de existencias y flujos materiales, los sistemas sociales funcionan gracias a un flujo de energía.

Todas las sociedades tienen al menos la producción energética que corresponde a la suma de las necesidades de energía biológica de sus miembros. Estos dos niveles corresponden a lo que Lotka (1956) y después Margalef (1993) han llamado energía endosomática y energía exosomática, una distinción con valor axiomático para los fundamentos de la economía ecológica (Georgescu-Roegen 1971; Martinez-Alier y Roca-Jusmet 2000). Estos representan además los flujos de energía “bio-metabólica” y “socio-metabólica” respectivamente, y juntos constituyen el proceso general de metabolismo entre la naturaleza y la sociedad. Actualmente, en las sociedades industriales, el insumo energético per cápita suele ser más de 40 veces superior a las necesidades de energía biológica de los individuos.

En los últimos años, el concepto de metabolismo se ha extendido notablemente, dada su importancia como herramienta teórica y metodológica (Fisher-Kowalski 1997). No obstante, la idea ha sido utilizada recurrentemente desde el siglo diecinueve por varios autores (véase una revisión histórica en Fisher-Kowalski 1998 y Fisher-Kowalski y Hüttler 1999), entre los que pueden incluirse los sociólogos clásicos (Padovan 2000) y especialmente por Marx, quién lo utilizó como una de sus principales categorías en el análisis del capitalismo (Schmidt 1976; Martinez-Alier 2004). Los insumos de materiales y energía per capita y año de una sociedad están en gran medida determinados por el modo de producción y el estilo de vida asociado con éste, lo que Fischer-Kowalski llama “perfil metabólico característico” de una sociedad. Los insumos totales de energía y masa de un sistema social son su perfil metabólico característico multiplicado por el tamaño de su población. Más allá de cuestiones de escala, hay que hacer algunas distinciones de orden cualitativo. Una sociedad puede vivir de las “fuentes renovables” que puede extraer de la biósfera (o, más estrictamente, de su biósfera local o regional). Este “metabolismo básico” se sustenta en la reproducción natural de los recursos: el agua dulce, el aire, y la biomasa vegetal o animal. Para cada uno de estos recursos existe un “mecanismo natural de reciclaje” que transforma la liberación de desechos del metabolismo social en recursos nuevamente utilizables. La mayoría de las sociedades en la historia humana no tenían más que ese metabolismo básico. Podían agotar los recursos de su medio ambiente si el ritmo de consumo era superior al ritmo de reproducción natural. Por lo tanto, su principal problema ambiental y de “sostenibilidad” era la escasez de recursos. Por el contrario, un “metabolismo ampliado”, se sustenta básicamente en la movilización de recursos desde fuera de la biósfera, los denominados “recursos no renovables”, como los combustibles fósiles, los metales y otros minerales de yacimientos geológicos. La noción de “metabolismo ampliado” es similar de “tecnometabolismo”. Existen enormes fuentes de recursos no renovables, que pueden ser explotadas a ritmos muy superiores a su ritmo de reposición natural.

Por lo tanto, esta ampliación del metabolismo, en combinación con la innovación tecnológica, es capaz de solucionar problemas de escasez de recursos, solo parcialmente y poniendo los recursos de alguna manera al limite de la sobrexplotación. Desde luego, las emisiones productos de recursos renovables también puede ser nociva para el medio ambiente, por ejemplo, provocando problemas higiénicos o eutroficación. Sin embargo, la manipulación en la biósfera de materiales que han permanecido almacenados en los estratos del subsuelo durante periodos geológicos, catalizan procesos biogeoquímicos que podrían sobrecargar la capacidad del ecosistema para adaptarse progresivamente en términos evolutivos. A medida que las cantidades de materiales manipuladas a nivel global aumentan a ritmo exponencial, las interferencias antropogénicas en los procesos biogeoquímicos naturales son cada vez más significativas. Como demuestran Ayres y Simonis (1994), por ejemplo, la cantidad de carbono, nitrógeno, sulfuro y fósforo movilizado por el metabolismo social de las sociedades industriales es entre el 5% y varios cientos porcentuales superior al de los procesos naturales. Si bien se conocen los problemas de contaminación locales y regionales desde hace mucho tiempo, los efectos a largo plazo como el cambio climático y el agujero de la capa de ozono son consecuencias recientes de un metabolismo social ampliado a gran escala. Pero mantener este sistema de crecimiento del mundo, implica una expansión del metabolismo ampliado. Fischer-Kowalski plantea la cuestión de la colonización de la naturaleza. ¿Qué es, entonces, la “colonización”? Para mantener su metabolismo, las sociedades transforman los sistemas naturales de una manera que tiende a optimizar su utilidad social.

Los ecosistemas naturales son sustituidos por ecosistemas agrícolas (pastizales, terrenos de cultivo) destinados a producir la mayor cantidad posible de biomasa utilizable, o son destinados a suelos para la construcción. Se domestica a los animales, se manipulan los códigos genéticos de las especies para aumentar su resistencia contra las plagas o los pesticidas, o para fabricar productos farmacéuticos. Estas interacciones entre sistemas sociales y sistemas naturales no se pueden entender como intercambios metabólicos de materia y energía.

Tienen otras características. Pensando en el vocablo latino “colonus”, que significa campesino, se ha denominado “colonización” a este modo de intervención en los sistemas naturales, definido como la pieza clave de las actividades sociales que deliberadamente cambian importantes parámetros de los sistemas naturales y los mantienen activamente en un estado diferente de las condiciones que reinarían en ausencia de estas intervenciones (Fischer-Kowalski et al. 1997). Los ecológos y los biologos saben de estos procesos, de sucesiones primarias y especialmente secundarias, que tienden a mantener a un determinado sistema, bajo ciertas condiciones productivas, pero con el ingreso de ingentes cantidades de energía a los mismos. Dice Fischer-Kowalski en su artículo que “puede entender la colonización como una estrategia para garantizar la disponibilidad futura de los recursos naturales”. De alguna manera, la lógica expansiva del hombre sobre la tierra, “colonizó” superficies, que “antes”, habían sido naturales.

En el curso de los últimos 10 mil años, la mayoría de las sociedades humanas adoptaron estas estrategias, pero a menudo sólo bajo intensas presiones medioambientales: La colonización significa un aumento considerable del trabajo humano. El mantenimiento de sistemas naturales colonizados en un estado socialmente deseable implica la inversión de un esfuerzo más o menos sostenido (y, generalmente, también un esfuerzo de materiales). Además, el intento de controlar ciertos parámetros de un sistema natural puede conducir a los sistemas sociales a una espiral de esfuerzos de control cada vez más exigentes: Una vez que se han plantado las semillas, se debe organizar la irrigación. Cuando se organiza la irrigación, se debe controlar la salinidad de los suelos mediante periódicas inundaciones. Para esto, es necesario construir embalses. Para mantener estos embalses, la sociedad debe contar con trabajadores y con fuerzas de seguridad, y así sucesivamente. Con cada innovación y a cada paso, el riesgo aumenta y también aumentan los esfuerzos requeridos. Aumentar y mantener esa inversión continua impone grandes exigencias a la organización social. La “sociedad del riesgo”, como lo planteaba el filósofo U. Beck, recientemente fallecido,  vinculada a sus avances tecnológicos y de apropiación de la naturaleza, no evalúa ni considera estas externalidades. Intuitivamente, nos vemos tentados a pensar en los “sistemas naturales colonizados” en términos espaciales, como la diferencia entre “tierras cultivadas” y “tierras vírgenes”. Si bien este concepto puede ser útil para el análisis del uso de la tierra y la distribución espacial de las actividades sociales, nosotros preferimos una noción suficientemente abstracta de “colonización”. Las actividades sociales que colonizan los sistemas naturales pueden intervenir en diferentes niveles. Las intervenciones más visibles ocurren en el nivel de los biotopos: la agricultura y la industria maderera transforman deliberadamente los biotopos con el fin de hacerlos más productivos y satisfacer las necesidades de diferentes tipos de biomasa de la sociedad (“recursos renovables”) y menos productivo para otras biomasas. De la misma manera, las transformaciones que implican la red de agua potable (construcción de embalses, drenajes y desagües, irrigación, etc.) intervienen en este nivel. Pero la interferencia también puede producirse en niveles inferiores, como el nivel de los organismos o incluso en el nivel del genoma, lo cual significa una intervención en la evolución biológica (como en el caso de la cría tradicional del ganado o de los animales transgénicos). Se producirán numerosos vínculos entre las estrategias de colonización y la organización social de las sociedades. Históricamente, parece evidente que las sociedades extraen cada vez más sus recursos “renovables” de entornos con un alto grado de colonización. La proporción de la alimentación de los entornos no colonizados (es decir, la “explotación” como la pesca, la caza y la recolección) parece disminuir de forma continua, como sucede por ejemplo con la proporción de agua utilizada a partir de fuentes “vírgenes” (por oposición al agua proveniente de infraestructuras técnicas). Al parecer, el problema de sostenibilidad provocado por el metabolismo social es que su escala supera la capacidad de producción de los sistemas naturales, ya sea en el aprovisionamiento de recursos o en su capacidad de absorción de desechos y emisiones . No obstante la visión un tanto naif de Fischer-Kowalski un poco olvida que este flujo de materiales del metabolismo social, mucho tienen que ver no solo las formas de consumo sino el tipo de comercio y las aplicaciones a lo natural de este.

Por ejemplo el mundo despilfarra proteínas o desgasta ingentes cantidades de energía en un flujo de productos alimenticios de aquí para allá. Para producir 871.200 toneladas de salmón en granjas industriales para peces, “se consumen” 2.126.000 toneladas de pescado obtenido directamente de los mares. Los Estados Unidos importan 41.209 toneladas de café torrado para “exportar” nuevamente 42.277 toneladas. Importan 26.967 toneladas de arvejas y salen nuevamente 32.544. Lo mismo con las papas, entran 365.350 y salen 324.479, la carne entran 953.142 toneladas y exportan 899.834 o el azúcar refinada, donde ingresan 70.820 y salen 83.083 (datos del 2003).

Cada economía “desarrollada”, guarda particularidades de este tipo. Por otro lado, el papel de las ciudades, es crucial en estos asuntos de demandas de recursos. La ciudad nace, crece y muere y este funcionamiento metabólico muchas veces no es tenido en cuenta. Actualmente ya más del 50 % de la población mundial vive en ciudades. En las próximas cuatro décadas el total del crecimiento de la población mundial será absorbido por áreas urbanas. Las ciudades representan el 55 % del Producto Neto de los países más pobres, el 73 % de las economías intermedias y el 85 % de los países más desarrollados. Utilizan entre el 60 y el 80 % de la energía global (10 mil millones de KWh – 3500 Kwh/capita/años y más de 2 mil millones de litros de combustibles fósiles, 666 l/capita/año).

Además consumen el 75 % de los recursos del planeta (247 millones de Km3 por año, 82 Km3 por capita por año, 6 millones de toneladas de materiales de construcción, 2,9 millones toneladas de residuos sólidos y 200 millones de kilolitros de efluentes) y son las responsables del 75 % de las emisiones de gases de efecto invernadero, en especial CO2.

Es claro que el destino de la naturaleza y su funcionamiento ecosistémico, pensado también para continuar brindando calidad de vida y estabilidad a la especie humana se dará en la comprensión y los ajustes metabólicos y en el papel que tendrán las ciudades y los modelos económicos en los próximos años. En un mundo de recursos finitos y aún sumando toda nuestra capacidad tecnológica y científica el mundo se enfrenta a límites físicos muy precisos. Cómo ya lo indicaron en su célebre artículo Rockström y otros (Nature, 2009) (Ver diagrama), hemos superado ya el termómetro de cruciales indicadores globales como el cambio climático o la pérdida de biodiversidad y sumamos efectos relevantes en la transformación de indicadores biofísicos como el cambio metabólico en el nitrógeno, el fósforo y hasta los efectos sobre el mismo ciclo del agua.

La tasa metabólica global actual de más de 8 toneladas de materiales por persona y por año y su tendencia a la duplicación en cuarenta años de 16 tn/cap/año es imposible de sostener. El cambio de escenarios sugeriría una disminución selectiva del metabolismo global, fomentando el crecimiento en la calidad de vida de las economías más pauperizadas y una drástica disminución en las economías hiperdesarrolladas ¿Hará el mundo desarrollado este esfuerzo para sostener un barco en el que todos estamos? ¿Disminuirá y se hará aún más eficiente la demanda china de estos recursos?, ¿podremos separar y estabilizar esta demanda global, de los impactos ambientales?. Desafíos todos que presentan hoy los científicos a los decisores de políticas públicas globales y nacionales y ciertamente a la sociedad de consumo actual. Un concepto interesante vinculado a estos procesos físicos de la economía humana, tiene relación con las ya mencionadas tasas metabólicas, como un medio objetivo de comparar los índices de consumo de recursos de distintos países. Por ejemplo, en determinados países, la tasa metabólica es de sólo 4 toneladas por habitante y por año, lo que indica que ni siquiera logran satisfacer las necesidades más básicas.

En otros países en cambio, el indicador sube a 40 toneladas por cápita y por año, lo que remite a una utilización de los recursos del planeta que no puede extenderse a todos sus habitantes, y menos todavía a las futuras generaciones. A inicios del siglo XXI, se estima que la cantidad de materias primas extraídas a nivel mundial se encuentra entre 47 mil y 59 mil millones de toneladas métricas (47–59 Gt) por año. La extracción mundial anual de materiales se multiplicó por ocho en el siglo XX. Durante gran parte de dicho siglo, la biomasa dominó la extracción y uso de materiales, constituyendo el 75% del total en 1900. Un siglo después, se extraían más recursos de biomasa, pero su porcentaje en el total de materiales extraídos se había reducido a sólo un tercio, porque el metabolismo socioeconómico mundial propende cada vez más a los recursos minerales, entre los que figuran los combustibles fósiles que reemplazaron a la biomasa usada para la combustión.

En otros términos, la composición de los materiales utilizados pasa de los recursos renovables a los recursos no renovables. Las tasas metabólicas de una sociedad tendrán un papel importante en la evaluación de las sociedades globales y nacionales en el futuro, sin desmedro de deberse evaluar asimismo, los niveles y practicas de consumo junto a hábitos que habrá que erradicar en un futuro inmediato para asegurar una oportunidad al hombre del mañana. La incorporación de nuevas tecnologías que mejoren estas condiciones junto al rechazo vinculado a productos y elementos que las sociedades no necesitan es otro elemento crucial de esta necesidad de sostenibilidad. En el futuro inmediato las tasas metabólicas de las sociedades se construirán en un indicador que será útil para comprener un poco mejor las formas de crecimiento de las mismas y su sostenibidad débil en términos de transformación de sus recursos y estabilidad. Otros estudios vinculados y que por su importancia se vienen desarrollando de manera paralela al de las tasas metabólicas es el de las huellas e intangibles como el agua (Pengue 2006) o el suelo virtual (Pengue 2010). El funcionamiento de estos intangibles conjuntamente con los de metabolismo y el HANPP (la apropiación primaria neta de biomasa/biodiversidad por parte de la humanidad como lo indicaba Vitousek) se convierten en inestimables indicadores integrados propuestos por la Economía Ecológica, para interpretar el funcionamiento físico y de hecho los límites que tiene que considerar la especie humana en su diálogo con la tierra.

Dr. Walter A. Pengue

www.walterpengue.com

Agradeceremos citar los dichos en el documento previo, bajo el siguiente artículo:

Pengue, Walter A (2012). Metabolismo Social, Recursos y Sustentabilidad: el desafío del milenio. Fronteras 11: 29-39. ISSN 1667-3999, GEPAMA, FADU, UBA. Buenos Aires.